Escipión mandó al primer día una avanzadilla de vélites bajo el mando del centurión Quinto Terebelio, al encuentro de la caballería númida. Tal fue la garra con la que lucharon los jovenes romanos, que hicieron replegarse a los africanos, hasta la señal del general en jefe romano de que se cesaran en su persecución. Los siguientes días se transformaron en inactividad cartaginesa, bajo la atenta mirada de Publio Cornelio Escipión planificando el ataque.
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